100 Días de Caos | Guillermo Descalzi @ Radar Político
Trump enfrenta su realidad. Tarifas rotas, conflictos internos, economía a la baja y exclusión creciente. ¿Responsabilidad? Suya. La democracia peligra si no hay libertad de pensamiento. Programa emitido en vivo el 26 de abril de 2025 por KTNQ 1020 AM Los Angeles y @ramoseconomia: (1) Radar Político | Lucía Navarro, Guillermo Descalzi y Manuel Ramos
Columna de Guillermo Descalzi | Escritor, Periodista y Antropólogo
Prefacio
Rota la vasija dorada
Nadie podrá redimir
El alma desolada.
Del poema “Lenore” de Edgar Allan Poe en su libro “The Raven”.

Pobre Trump, se le rompió la vasija de sus tarifas doradas. Andan desperdigadas por el suelo para cualquiera que camine sobre ellas. Que a China sí, que a China le bajamos sus tarifas si negocia y ahora que China dice que no piensa negociar… ¿Dónde queda Trump? Le está yendo mal en todo. No hay un solo logro de consecuencia al que pueda apuntar en sus primeros 100 días. Los suyos son los 100 días menos productivos en la historia de la presidencia. Ni Putin ni Zelensky aceptan las bases que pretende sentar para sus negociaciones de paz en Ucrania. Recordarán que Trump dijo durante su campaña que resolvería esto en 24 horas. Ahora busca limpiarse las manos y amenaza con abandonar las tratativas de paz.
Este es, además, un golpe para esa otra joya de Trump, Marco Rubio, su Secretario de Estado que ha entregado su raciocinio a lo que Trump quiera o diga. La Gran Deportación le ha creado conflictos en las cortes de justicia. O se retracta y acepta lo que le dicen las cortes o nos llevara a una crisis constitucional. Los recortes de Trump y Musk en la burocracia para hacerla más eficiente la está frenando. Quizás esto sea lo que en el fondo quieren. Musk y Scott Bessent, el Secretario del Tesoro, se pelearon a grito pelado esta semana en las inmediaciones de la Oficina Oval. El gobierno ahora está gastando más de lo que gastaba antes de los recortes.
El dólar va cuesta abajo. La compra de bonos de la Reserva Federal ha entrado en baja por primera vez en la historia. ¡Pobre Trump, se rompió su vasija dorada! Su sueño de desglobalizar la economía americana ha chocado con la realidad. ¿A quién le cortará la cabeza? Me imagino que será Peter Navarro, su consejero económico. La directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en la apertura de su reunión anual este jueves, dijo que la situación mundial ahora se ve más gris que en vísperas de la Gran Depresión de 1929 a 1941.
Trump empieza a perder su piso político, eso es lo más grave para él. Algo de luz hay: La economía todavía no ha caído en barrena así es que por el momento al menos estamos en una cuesta más o menos suave comparada a como podría ser. Trump, mientras tanto, en uno de sus “posts” le echa la culpa a un grupo de lunáticos contra él. Hablemos de responsabilidad, no de culpa, y esa responsabilidad es suya como capitán de la barca del gobierno. No se puede desglobalizar un mundo ya globalizado. No se puede dar marcha atrás al tiempo sin crear una crisis mundial. Tampoco se puede ordenar la resucitación de la industria americana de los años 50 y 60.
Es otro imposible.

Se necesita enrumbar hacia un nuevo horizonte, pero Trump a puesto un panel de ayayeros en el gobierno. O empieza a corregir o se queda atrás. Trump empieza a darse cuenta de esto, ¿Cómo reaccionará? Lo pregunto porque su respuesta a la adversidad en sus empresas ha sido la bancarrota, y ha hecho seis de ellas. Desgraciada o afortunadamente no hay bancarrotas para el gobierno. Mientras tanto hubo un rebote de dos día en Wall Street por una anticipada rebaja arancelaria y porque Trump dijo que no despediría a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, uno de los pocos adultos serios en las filas del gobierno.
Mientras tanto, hay caos en lugares específicos.
Caos en el Pentágono
Cuando Trump eligió a Pete Hegseth como secretario de Defensa, su entorno sabía que necesitaría rodearlo con personas competentes para el trabajo diario. Pensaron que Hegseth sería el caballito de batalla para las ocurrencias de Trump, y nada más. Lo que ocurrió no fue así. Hegseth se rodeó de asesores rivales, con disputas por el poder que degeneraron en venganzas, despidos, acusaciones y titulares que han causado estragos, poniendo en peligro el puesto del mismísimo Hegseth. El problema no está en ellos, no está en su entorno, el problema es el mismo secretario de defensa, un hombre en aguas demasiado profundas para su capacidad de flotación. De seguir en el puesto hará gran daño a las fuerzas armadas. El último ejemplo de caos en el Pentágono, se produjo cuando Hegseth filtró nueva información de batalla a un grupo que incluyó a su esposa y amigos. Estaba alardeando, usando su puesto para alardear. ¡Qué adulto!, ¿no? Lo negó descaradamente, y dijo que la información que transmitió no era secreta.
La Muerte del Papa
En la muerte del papa Francisco hubo una epifanía para Trump, si se dieron cuenta de ella, con palabras en su alocución Urbi et Orbi, de La Ciudad y el Mundo. Estaba muy débil, quizás agonizante ya. Solo alcanzó a decir “Cari Fratelli e Sorelle, buona Pascua” y le entrego su discurso a un cardenal para que lo leyese. Una de sus primeras frases decía:
“NO HAY DEMOCRACIA SIN LIBERTAD DE EXPRESION Y PENSAMIENTO” Esta frase cae como anillo al dedo en el momento que estamos viviendo. La administración está poniendo al país en un chaleco de fuerza para que pensemos y nos comportemos como Trump quiera. Ahora, un recuerdo personal en la plaza de San Pedro cuando murió Juan Pablo II, en 2005. Yo había estado en Kosovo por entonces, y luego en un portaaviones en el Adriático y estando allí murió el papa. Me enviaron a Roma.
La muerte de un papa cambia la iglesia al cambiar su ‘tono’. No es lo mismo un papa inclusivo como Karol Wojtyla, que un papa exclusivo como su sucesor, el papa Ratzinger, Benedicto VI. Este cambio ad portas, ya en la puerta, se reflejará en la religiosidad de la iglesia en Estados Unidos. El momento político con Trump se verá con el tono que el nuevo Pontífice le dará a la iglesia. Trump y su esposa acudirán a sus exequias. ¿conocerán lo que dijo sobre la democracia y la libertad? El tono que sale de Washington es exclusivo, contrario a lo que necesitaremos cuando Washington se vea obligado a tender puentes para reunirnos con el mundo que estamos rechazando.
La Gran Exclusión
Ambas, la extrema derecha y extrema izquierda, exigen uniformidad de pensamiento y expresión. Recordemos las palabras finales del papa Francisco: “No puede haber democracia sin libertad de pensamiento y expresión”. Aquí lo que hay es exclusión. Ni qué decir de libertad comportamiento y acción para quienes caigan en el disgusto del presidente. En Estados Unidos se está imponiendo una exclusión social, cultural, de pensamiento, expresión y comportamiento, especialmente en el mundo académico. Trump, en esto, sigue la teoría del “Trickle-down economics” de Ronald Reagan: Riega arriba y goteará hacia abajo. Así, regando arriba cambias el abajo. Esa es la teoría.
La administración quiere voz y veto (no voto, veto) en la contratación de profesores y la admisión de alumnos en las universidades, y en los libros que se usen. La búsqueda de uniformidad social y cultural es contraria a la democracia como la hemos vivido desde 1776. Hay quienes empiezan a darse cuenta de esto, incluso entre los republicanos. Rand Paul, senador republicano de Kentucky, de cuyo conservadorismo nadie duda, se opone a Trump en lo de los aranceles. Otros, la mayoría, esquivan el tema. El senador de Kentucky votó contra el presupuesto avanzado por el Trumpismo, y lleva años intentando controlar el poder presidencial. La mayoría de sus colegas no está en eso. En el Trumpismo hay un problema por la carencia de un principio ajeno a su conveniencia.
La Conveniencia no es un principio. En las universidades la administración busca que la mera expresión de un sentimiento contrario sea suficiente para retirarles la visa a los universitarios extranjeros, y ya se les ha retirado a cientos. Todavía hay una barrera a todo esto en el poder judicial.
El Poder Judicial
Esta barrera se ha visto comprometida por Trump y el senador Mitch McConnell cuando fue jefe de la mayoría republicana en el gobierno de Obama. McConnell le impidió a Obama el nombramiento de un juez supremo, y lo guardó para el próximo gobierno que acabó siendo el primer mandato de Trump. Trump nombró a Neil Gorsuch. Luego a Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett que, sumados a Samuel Alito y Clarence Thomas le dieron a Trump una mayoría en la corte. Añádanle a esto su presidente, John Roberts, y tienen la mayoría trumpiana de 6 a 3. Difícil de vencer, pero no imposible. John Roberts, más centrista que sus correligionarios, a veces vota con el ala liberal de Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson, quedando 4 votos liberales y cinco trumpianos. La conservadora Amy Comey Barrett también vota a veces con el ala liberal, dándoles una mayoría potencial de 5 a 4.
En conclusión: puede haber justicia real en la Corte Suprema. Si la Corte Suprema se deja llevar por lo que dice y hace Trump, si hace caso omiso a sus transgresiones, entonces estaremos en plena crisis constitucional.
Deportación y Latinización
La exclusión de Trump también es étnica y cultural. Su empecinamiento con esto es para impedir o al menos obstaculizar la Gran Latinización de los Estados Unidos. La deportación tiene que ver con la ‘sangre hispana’, y no es exageración. Trump dijo en su campaña que el indocumentado está envenenando la sangre del país. Esta es una de sus verdades. Él cree eso. De acuerdo al centro de investigación, PEW, 78% de los indocumentados en el 2020 fueron hispanos. Ese porcentaje es bajo en la actualidad, con cerca de un 90% de “hispanos” en la población indocumentada. La deportación va a continuar con límites fijados por las cortes, pero va a continuar porque es el único de los grandes propósitos iniciales de Trump en el que quizá pueda decir: “Aquí tuve éxito.”
